miércoles, 8 de diciembre de 2010

Acomodando historias


Mitroperos del alma: Los feriados sandwich, como el de hoy, que cayó justo en mitad de semana, por lo general sirven para descansar a pata tendida, o para acomodar lo que se desacomoda con el tiempo y la falta de tiempo... Así que, buscando unos documentos en viejos CD, encontré videos familiares, con mis hijos muuuuuy niños, y algunos mails salvados de las diferentes catástrofes o cambios de hardware. Eran esos mails de cuando nos escribíamos diariamente y nos comunicábamos en forma frecuente, casi siempre en el tiempo inmediato posterior a algún encuentro.
Como hace mucho que no nos escribimos y hace muchísimo que no nos encontramos, los voy a dejar acá, como testimonio de las cosas que pudimos decirnos y las tantas que no nos decimos ya. Y deberíamos.
¿Desidia? ¿desinterés? ¿Desgano? ¿Destiempo? Sei lá o quê... A gente esta precisando se ver novamente e bater um papo... Não é?

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Asunto: La furia inocente de la inundación
Fecha: mayo de 2000

Queridos míos:
 
Me gustaría poder escribir largo y contarles más cosas, como en otras épocas. Pero aquí los acontecimientos se suceden sin darnos tregua y así me encuentro -de casualidad y porque algún desastre tocó también a la uni y no tuve clases- escribiendo este mensaje mientras se me cierran los ojos de sueño...

Ha llovido sin parar desde el sábado pasado. Recién hoy, miércoles, impresiona como si estuviera cambiando el clima y se alejara la posibilidad de catástrofe.

Se inundó Buenos Aires, como desde hace tantos años... como desde siempre.

Otra vez hubo evacuados, por supuesto de las zonas más carentes... Otra vez operativos de rescate, colchones, mantas, remedios, alimentos, la solidaridad de la gente, todo concentrado en tiempo y espacios mínimos, en geografías que soportan el desastre desde épocas inmemoriales ... desde que se dio en llamarlas tierras bajas y quedaron al descuido y la intemperie, a puro aguante y resignación.

No es lindo descubrir los cadáveres cuando bajan las aguas. Cadáveres humanos y esqueletos de poblaciones. Descarnadas realidades que siempre sacuden y a veces sacuden más. Es duro, es cruel, es la miseria dándonos una sonora bofetada donde más nos duele. Es la soberbia del poder que ignora el dolor de los desposeídos. No el dolor étnico y profundo y universal y contundente de las fotografías del hambre y las guerras recorriendo el mundo. No. Me refiero a ese otro dolor chiquito, silencioso, cotidiano, austero. Me refiero a los cuatrocientos niños de San Miguel instalados en galpones, viendo las enormes ollas de puchero en el fuego popular, limpiándose los mocos en las mangas y disfrutando la aglomeración y la aventura, mientras del otro lado del río y la miseria esa realidad constituye sólo una figura repetida en el noticiero de la noche de todos los tiempos...

Esta vez fue otra vez. Sólo que los años me han hecho más sensible, quizás, al dolor ajeno. Dolor nuestro.

Desde el escritorio colmado de papeles planificamos la ayuda, los subsidios, el rescate y la atención de los viejos. Y cansada ya, con los ojos enrojecidos de sueño y humo ajeno, con los huesos doloridos de tanta humedad acumulada, hice el viaje de regreso pensando en tantas cosas...

Ese intercambio de ideas sobre el hombre que practican Galileo y Sagredo en "Das Leben des Galilei" constituye en mí una preocupación constante.

En días como éstos ya no sé qué creer.

Amigos queridos: En todo caso sería lindo poder pensar juntos. Estas confianzas, como dice Ari, no se encuentran fácilmente a lo largo de la vida...

Sepan que los recuerdo siempre. Que mi ausencia a la "mesa del bar" responde a una total falta de tiempo, por desastres climáticos, por dolores humanos, por olvidos divinos.

Sepan, además, que los quiero.

Nunca dejaré de quererlos.

Lili

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Asunto: Hay días que son distintos...
Fecha: marzo 24 de 1999


Hay días que son distintos. 

Distintos desde la percepción, desde el sentir, desde adentro. 

Son días iguales que transcurren, con sus mañanas soleadas o lluviosas, sus atardeceres calmos, sus ruidos y sus apuros. 

Pero son días distintos adentro de uno. 

Hoy hace 23 años del golpe de estado que sacudió nuestra existencia. También fue un miércoles, y no amaneció con lluvia, sino con sol y la radio encendida debajo de la almohada, porque ya estábamos esperando que ocurriera. Los bandos militares nos despertaron y la incertidumbre nos invadió. Sabíamos que vendrían tiempos difíciles y que quizás deberíamos empezar a despedirnos de esa ciudad que hasta ahora, mal o bien, nos cobijaba. 

Cuatro días después, el domingo 28, cayendo la tarde, fue el secuestro, a la salida de un cine. Mi mirada inequívoca, ya lamentablemente habituada a ver más allá que el común de los mortales, descubrió tras la multitud que salía del cine, en una esquina céntrica, a quienes serían nuestros verdugos. A quienes, por otra parte, ya conocía de otras persecuciones, de otras requisas de bolso y libros por los pasillos de la facultad de medicina.

Descubrirlos y saber qué nos esperaba fue un sólo acto desesperante, cargado de impotencia, de un sentimiento casi apocalíptico. 

Un viaje largo y movido nos sumió en la oscuridad. 

Los días siguientes no tuvieron mañana ni noche, horas ni hitos que pudieran acercarme una noción de tiempo. Ni que hablar del espacio. Sólo sé que no cabía acostada, que tenía frío y sangraba, que mi ateísmo se me fue a los quintos infiernos y una voz monótona dentro de mí rezaba a vaya a saber qué dios y le pedía que los otros, -los que ya para ese entonces nos buscaban desesperadamente-, no sufrieran. Yo casi sabía el fin que me esperaba. 

Rezaba y cantaba, como he cantado en todas las situaciones difíciles, y recordaba la infancia y la cocina de mi casa, ayudada por los grillos que, en la humedad de los pastos que presentía más allá de los muros, acompañaban mi vigilia. 

No había espacio ni tiempo reales, concretos, asibles. Era apenas una noción de vida, por el ruido casi agonizante de un respirar angustiado, entrecortado, sofocado debajo de la capucha. 

Y en esa situación de precariedad absoluta, de indefensión, el sólo contacto con otra piel era tan imprescindible, que llegué a desear que apareciera cada cierto tiempo el único guardia que me trataba como un ser humano. El que me permitió bañarme, sentir el placer del agua tibia sobre mi cuerpo helado, aunque fuera a ciegas, el que me hablaba de futuros encuentros y probables cafés compartidos, porque "creía en mi inocencia". Ése, el que, -como llegué a descubrir más tarde-, comandaba todo el operativo. 

Entre esos días y noches imperceptibles, hubo una madrugada terrorífica y a la vez maravillosa, en que me sacaron de la celda una vez más, con capucha, esposada, aturdida y sumida en el pánico que me provocaba el acercarme al final que presentía, al destino que temía. Entre todas las voces hubo una que reconocí: la que daba las órdenes. La voz "amiga" de quien me entregó a los responsables del viaje final, recomendándoles que me trataran como yo lo merecía. Esa misma voz que, interrogada por mí en un acto desesperado, me respondió: "Aunque sea la última vez que creas en un hombre, creéme: te vas a tu casa". 

Esa madrugada, a ciegas, acostada en el piso del auto, con las manos de tres o cuatro tipos recorriéndome con saña el cuerpo y las botas aplastándome para que no me moviera, esperé resignadamente escuchar el primer disparo. No hubo disparo. 

Cuando me tiraron en un campo húmedo de rocío, después de las amenazas y de un par de golpes más, de despedida, esperé nuevamente el tiro final. Y no hubo tiro. Hubo un ruido de auto alejándose a toda velocidad del lugar de la resurrección. 

Nunca un rocío fue más placentero, nunca un frío más agradable, nunca una soledad más compañera, que los de esa mañana de abril en que me descubrí inesperadamente libre y milagrosamente viva. 

Debieron pasar 20 años para que pudiera llorar desde lo más hondo. Debieron pasar aún tres años más, para permitirme recordar detalles y sensaciones, y escribir sobre ellas. 

Hubo un disparador en la mañana de hoy, un acto casi simbólico, que me dejó sumida en este estado. Viajando hacia el hospital busqué en mi agenda electrónica para confirmar lo que yo pensaba: que el 24 de marzo de hace 23 años había sido un miércoles, como hoy. 

Entonces recorrí hacia atrás meses, años, y los vi pasar por la pantalla así, simplemente, como la hoja de un calendario, en cuenta regresiva, mientras por mi mente pasaban en forma de imágenes, de recuerdos. Los años de nacimiento de mis hijos, la muerte de mi padre, la libertad de mi hermano, y arrimándome a los ´80 empecé a ver la nieve alemana, los amigos, imágenes, imágenes, imágenes, sensaciones y recuerdos, hasta llegar a esa fecha y entonces sí, aparecer toda la película, en cuadros desordenados, irrumpiendo sin permiso para instalarse cómodamente en mi interior. 

Nunca escribí sobre esto. Pocas veces me detuve a pensar en suertes y desgracias respecto de ello. No me fue fácil asociar mi historia, desde mi perspectiva íntima, desde mi dolor, con la de los desaparecidos y la de los sobrevivientes. Como si se hubiese tratado de algo ajeno. Las pocas veces que me referí a ello, lo hice asépticamente, con rigor periodístico. Casi en tercera persona. 

Amigos queridos: hoy fue un día difícil. 

Mi subconsciente individual venció al inconsciente colectivo. Se puso en pie de guerra y decidió que no hay mejor arma que la memoria. Decidió que el olvido es una jactancia que no le corresponde. 

Y así, con este ánimo de confesionario, arrasada por los recuerdos, quiero abrazarlos como si estuvieran acá. 

Perdonen este balance histórico tan mío. 

Los necesito.

Los quiero.

Li







viernes, 19 de noviembre de 2010

Asociación libre

Hoy por la mañana, mientras recorríamos la autopista a paso de hombre, camino al trabajo, me puse mis auriculares para escuchar la música que seleccioné desde hace mucho tiempo en mi MP3.
Se me ocurrió, con los ojos cerrados, hacer un juego de memoria y asociaciones: cada canción me remontaba a una época, a una situación, a determinadas personas...
La memoria es algo sorprendente. Háganlo y después me cuentan.

sábado, 16 de octubre de 2010

Octubre 15




Hoy es tu cumpleaños, Diana, Dan,
celeste desaparecida
perdurable perenne en mi memoria
que no se cansa de renacerte
recuperarte reaparecerte.

octubre 15 de 1983

jueves, 2 de septiembre de 2010

miércoles, 9 de junio de 2010

Cuando era muy joven, y a propósito de los tiempos de horror que nos tocó vivir, me encontré con la historia y leí los versos del poeta guatemalteco Oto René Castillo.


Supe, más tarde, que durante tres años había estudiado Letras en la Universidad de Leipzig. Supe de su lucha, su exilio y su muerte.


Nunca más olvidé este poema. Y lo recuerdo, especialmente, cuando parece que el cansancio va a vencerme.


COMUNICADO

Nada

podrá

contra esta avalancha

del amor.

Contra este rearme del hombre

en sus más nobles estructuras.

Nada

podrá

contra la fe del pueblo

en la sola potencia de sus manos.

Nada

podrá

contra la vida.

Y nada

podrá

contra la vida

porque nada

pudo

jamás

contra la vida.

sábado, 29 de mayo de 2010

Llueve en Buenos Aires...

y como de un arcón recién abierto van apareciendo formas e imágenes perdidas en el tiempo.
Hoy, 29 de mayo, Mariano cumpliría 59 y, quizás, lo hubiera llamado para saludarlo, o le hubiera escrito, o tomaríamos un café él, su Giulia y yo... pero llueve en Buenos Aires, Mariano ya no está, me tomaré un café con Giulia un día de éstos, y  entre las gotas que caen por el cristal de mi ventana pasan las imágenes borrosas del tiempo, mientras algún pájaro cierra la tarde cantando desde las ramas ya raleadas de mi tilo.
No quiero que esto se parezca a la tristeza, pero los enormes huecos que las ausencias van dejando se llenan de dolor primero y luego, como los poros de una piedra expuesta eternamente a la intemperie, van guardando en su interior el polvo de los vientos, el agua que se seca y deja una resaca endurecida y así, de tiempo saturados, se van sellando en el mismo contorno de la piedra y la conforman y ese dolor y esas ausencias pasan a ser la vida misma con su crisol de sueños y esperanzas y partidas y promesas y adioses y distancias...

martes, 18 de mayo de 2010

Encontré en un viejo disco el mail que le dio origen a este lugar...

Sent: Monday, January 01, 2001 8:47 PM



Subject: SE REABRE LA MITROPA-POR FAVOR, DE A UNO-NO ATROPELLAR

Y así fue como llegó el principio de milenio...

Entre corridas, como siempre, tiempo que no alcanza... cosas que se escapan... sensación de olvidos...

La Mitropa parece no querer despertar del letargo finisecular...

Sin embargo...

Sin embargo sabemos que todo sigue ocurriendo... como ocurría la vida bajo tierra en épocas de guerra... desafiando a las bombas y los miedos...

Sin embargo hoy por la tarde me llamó Raquel, de cara al mar en La Paloma y saboreando un schopp helado, pidiéndome que los salude, que les diga que su computadora estuvo cerrada por refacciones de la Academia, que les diga que los quiere mucho a todos y que a su vuelta escribirá...

Sin embargo ZeRaymundo y Terezinha tanguearon la noche porteña, pese a mi ausencia prolongada, por exámenes y trabajo... Y me dejaron la confirmación de lo que siempre supimos de ellos: son dos seres maravillosos, llenos de afecto, de vida, de ganas...

Sin embargo, con Mitropa cerrada por vacaciones, pude ver y disfrutar el video de los 50 años de Xande, -con la presencia representativa del Negro Fogonero-, cuya copia en breve enviaré a tierras transandinas y cisplatinas...

Sin embargo, antes de la partida de Ari a Lima a pasar las fiestas con sus queridos padres, pudimos juntar nuestras vidas ocupadas una noche en el departamento de Recoleta, con Daniel y con Raquel, y -aunque me dormí estrepitosamente y no cumplí con la mateada mañanera prometida- fue lindo sentirlos otra vez cerquita del corazón...

Sin embargo, este mundo es hermoso... y, sin embargo, a veces es horrible... cuando a fin del milenio lo recorre la fotografía de un niño palestino muriendo por las balas israelíes bajo el vano intento de su padre de salvarlo... o las viejas y nuevas y eternas radiografías del hambre y la miseria... esas imágenes terribles que no logro borrar ni un instante... ni siquiera -y quizás como homenaje- en el preciso momento de levantar las copas y abrazarnos...

Amigos míos queridos. Está cayendo la noche del primer día del primer año del vigésimoprimer siglo del tercer milenio.... y parece mentira que tanto tiempo haya pasado en vano... que la humanidad haya crecido tanto y no haya aprendido nada...

Somos tiempo... estamos hechos de tiempo...

Como decía el poeta:

"Tu materia es el tiempo. El incesante

tiempo. Eres cada solitario instante."

y sin embargo...

Amigos queridos, la Mitropa está abierta. Ese espacio de amistades y cariños compartidos, de consenso y de disenso, de reflexiones y emprendimientos, ha vuelto a abrir sus puertas y las sillas y las mesas esperan nuestra presencia...

Hace calor, mucho calor en Buenos Aires... Los echo de menos... Los extraño... Estoy con saudade...

Cierro los ojos y los pienso.

Me hacen falta.

Los quiero.

No saben cuánto los quiero.



Lili

sábado, 8 de mayo de 2010


Gozo la paz de la mañana.
El humo de mi café de las primeras horas,
la soledad fresca,
el despertar de las plantas y los gatos.
A esta hora en que todo dolor se apacigua
y toda esperanza reverdece.

 
 
Baires, 19/11/82

SOLES

Alguien (no sé quién) lo escribió una vez en la Unidad 2 de la cárcel de Devoto.
Me parecio hermoso:


Podría contarte acaso cómo son mis días

mis días sin tiempo concreto

mi tiempo tal vez sin horas aquí

mi infinita nostalgia desparramada

mi paso lento, lentísimo como nunca

y también

las tantas lunas llenas

que atravesaron de lado a lado mi cama

invariablemente noche a noche

y también

de las mariposas de las que te hablé una vez

que dejé escapar entre mis dedos

la última primavera sin darme cuenta.

Pero ciertamente te diría

que todos mis días tienen soles

que pelean hasta vencer al infalible gris

que acosa

el sol de tu mirada

la dulce y tierna alegría de una sonrisa

y los pequeños soles insospechados

que amanecen todos los días

y descubro uno y otro

y no me canso.

ABER, BITTE, MIT SAHNE...

Buenos Aires, otoño de 20.10, sábado 8 de mayo


El maravilloso sol de esta tarde de otoño colorea la brisa fresca que mueve las ramas de mis árboles...
Hay hojas amarillentas, ocre, naranja, desparramadas por todas partes.
Mi tilo se ralea día a día y deja al sol acariciar sus ramas. El cielo, a su través, es de un intenso azul.
Los equinoccios tienen eso: la suavidad de bisagra aceitada, ese pasaje lerdo y extendido de verano a invierno y de invierno a verano.
Y así giran los siglos, en su ritmo circular y espiralado...
Amo la vida.
Agradezco todo lo que me dio.
Dure ella cuanto dure.


lunes, 3 de mayo de 2010

Maninho


Se lembra do futuro
que a gente combinou.
Eu era tão criança e ainda sou...


sábado, 1 de mayo de 2010

Karl-Marx-Stadt, 6 de julio de1980





Si alguna vez escribí en servilletas de papel de Buenos Aires
de sus cafés de bohemios y atrevidos
por qué no he de hacerlo aquí, en esta ciudad,
en un bar sin puerto ni arrabal
donde no hay cómplices ni mendigos
que entiendan de esta soledad.


Halle/Saale, sábado 6 de agosto de 1977

Balconcito triste
de paredes de ladrillo y hollín
y geranios ardientes.
Tarde de sol tibio
ropa tendida.
San Telmo me vuelve a los ojos.
Pero no. Buenos Aires está lejos.

viernes, 30 de abril de 2010

Contrapunto quasi-literario en género recuerdo-ficción


Fragmentos de uma crônica de amanhã
"También podríamos comer en algún bolichito en la ciudad... O donde les parezca. Soy materia dispuesta a todo. Con ustedes."
O barulho é enorme. Virgem Santa, e eu que pensei que somente os brasileiros faziam tanta algazarra. As pessoas se olham como se buscando conhecidos mas buscam alguém que ainda não encontraram . Observo que apesar de boa fama de seus vinhos, nos bares argentinos a boa e universal cervejinha gelada também é a preferida.
Pese a estas e outras semelhanças, não há dúvidas, não estou sonhando, estou num boliche em plena Buenos Aires de todos os tangos. Espero impaciente. Será que me equivoquei de endereço? Não é possível. Anotei tudo direitinho e o taxista confirmou o bar e tudo mais. Combinamos o encontro para 11 de dezembro às 15 horas. O que antes seria um encontro somente das mulheres de Atenas foi invadido, após veementes protestos, pela setor masculino da mitropa. Se houve alguma reação de alguma feminista enrustida, nada se comentou, somente a história o saberá.
- Puxa vida. É certo que ainda são 14:00, mas até agora ninguém!
Olho ao redor, de tão sozinho vou me adaptando ao ambiente, buscando o olhar de alguém. De vez em quando existe alguma resposta. O bar está cada vez mais cheio. Pelo povo que o freqüenta, trata-se de um destes locais de classe média intelectualizada, já um tanto experientes, com aquele charme característico dos jovens dos anos setenta, mistura antagônica que oscilava entre viver sem lenço e sem documento e aqueles personagens nostálgicos e tristes de Bergman.
Os minutos se arrastam como se tivessem a responsabilidade de decifrar a razão do tudo. Começo a lembrar detalhes daqueles meus amigos que logo sentarão comigo animando a mitropa, brincando de ser feliz.
- A Célia talvez ainda venha, não deu certeza.
Gozado este mundo. Célia, justamente, é a que menos certeza deu de sua presença...........
.....naquele momento não sabia bem o que queria. Mas, de qualquer maneira, precisa deixar a RDA. A simples permanência ali me fazia mal. Lentamente o avião da Interflug começava a se mover na pista.

Os olhos ficam umedecidos, a garganta arranha querendo balbuciar adeus. Destino inicial: Lisboa. Puxa! Como lembramos de forma tão rápida e resumida acontecimentos que nos custaram tantos anos de meditação e sofrimento. .............
Estes aperitivos com esta cervejinha bem gelada estão ótimos!
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- Já são 14:45. Caramba, precisavam ser tão pontuais? E estes argentinos com sua milongas, como falam alto. Já estou indo para o quarto ou quinto chope. Estou urubuservando uma loura muito bonita. Numa das vezes que fui ao banheiro e passei perto de onde se encontrava com seu grupo, parecia ser uma oficial da polícia. Quem diria, pensei, as oficiais policiais também tomam chope e comemoram! Assustei-me com meu próprio preconceito.
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Somente às 20 horas e depois de muitos chopes descobri meu lamentável engano. Local e horário do encontro estão certos mas o ano deverá ser 200..





Afuera hay estruendos de pirotecnia. La perra corre a esconderse debajo de mi escritorio. Las paredes de la sala relucen chispazos de colores, reflejando en su blancura las luces del árbol de navidad que armaron hoy los niños.

Hoy es 8 de diciembre. La tradición dice que se debe armar el árbol en esta fecha, y dice que cada año debe tener algún adorno nuevo, y dice también que el árbol debe cambiarse cada ocho años. A éste todavía el faltan dos. Fue un regalo: el árbol enorme y 150 luces y no sé cuántos adornos más. No cabía casi en la casita de Patricios. Y al principio, los primeros años, Juan -que caminaba a los tumbos- sacaba todos los adornos de las ramas inferiores... Pero fue sobreviviendo estoicamente al crecimiento de los niños y los juegos de los gatos y hasta creo que experimentaré un sentimiento de pena cuando tengamos que separarnos de él. El ser humano se encariña con sus cosas. Les pone vida.

Estudio el símbolo monosémico y el símbolo bisémico. Literatura. Antonio Machado, a quien yo sólo sabía poeta... un enorme filósofo.
Y para entender El tema del amor, y esa exégesis de la teoría amatoria que escribiera su alter ego Abel Martín, debo remontarme a lo inmanente y lo trascendente y hasta debo interiorizarme de las mónadas de la teoría metafísica de Leibniz. Leibniz nació en Leipzig...

... Y el avión de Interflug que venía de Moscú hizo escala en Dresden. Allí me senté a fumar un cigarrillo mientras esperaba trasbordar hacia Leipzig. Eran cómodos esos sillones. Se acercó una mujer de uniforme que, increpándome con el dedo, profería gritos en ese idioma que me resultaba absolutamente diabólico e incomprensible... Me señalaba, señalaba mi cigarrillo y movía su dedo hacia un cartel azul con letras blancas, que pegado en la pared a mis espaldas, sobre la línea de sillones, mostraba un RAUCHEN VERBOTEN pasivo e indescifrable...

... Las mujeres policía no beben, por lo menos cuando están cumpliendo servicio. Y hay muy pocas mujeres policías bonitas. Por eso, las que lo son, parecen más bonitas. Si son rubias y toman cerveza, seguramente deben ser de otro país. En éste son bien morochas, o con rubios artificiales, pero de rasgos aindiados, con cara de pocos amigos, y jamás se sientan en los bares......


Llegué a Leipzig un 18 de setiembre, desde un verano moscovita maravillosamente soleado y amable. Venía de los mejores hoteles de toda la Unión Soviética: Novosibirsk, Novokusniek, Kemerovo, Frunze, Alma-Ata, Leningrado, Gomel, Moscú... Hotel Pekín, con una suite clásica con TV y equipo de audio, Plaza Roja, Hotel Rossia, todo grande, luminoso, limpio, confortable... y el 18 de setiembre, luego de aterrizar en el aeropuerto de Leipzig, me encaminé con Mariano, que me esperaba en el Aeropuerto, hacia la Lumumba-Strasse... A mis amigos de la Mitropa no necesito explicarles nada. También ellos pasaron por esa ruina que anidaba cucarachas de todos los siglos. También ellos hicieron la cola para recibir el plato de comida, debiendo elegir entre papas o arroz para, con mucha imaginación y buena voluntad, sentarse a almorzar en medio de esa fauna internacional de la cual ya formábamos parte.

Más tarde descubrí la Mensa Rusa, a unos pocos metros de allí, y entonces era un jolgorio escapar de las paredes del Herder y hacer otra cola para comer, donde al menos podíamos elegir el menú, -claro que pagando bastante más-, y disfrutar del buen humor y la camaradería de los soldados rusos y sus redondas mujeres, camaradería que aumentaba conforme aumentara la ingesta de vodka...

La mujer policía podría ser una rusa.

... En esa maratón del año 82 todo se confundió con los sueños. Fue rápido, precipitado y cambiante. No me dio tiempo a asumir las distintas realidades.

Un avión de Interflug me dejó en Roma. Hacía calor y debía esperar once horas para subir al Varig que me llevaría a Río. Era muy joven y estaba regresando. Todo era felicidad, con un regusto nostálgico por dejar gente y lugares queridos, que quién sabe cuándo volvería a ver...
Se me acercaron turistas de todos los lugares posibles, pero los más persistentes fueron tres indúes que no se me despegaban. Decidí recorrer todo el aeropuerto. En la sala donde esperábamos los del vuelo de Varig había una muchacha brasilera muy linda. Y había un italiano cuya familia -me enteré después- tenía una empresa en San Pablo, por lo cual él lo pasaba viajando entre los dos países. Horas más tarde, ya en el avión, lograron sentarse juntos, justo detrás de mí, y después de contarse sus respectivas vidas e historias, cuando ya todos dormían, no sentí más voces, pero sí susurros y movimientos y roces y quejidos y todas esas cosas que involuntariamente se comparten cuando, creyéndonos dormidos, dos personas intentan compactarse en una... Ellos sí supieron aprovechar esas horas de espera y de vuelo. Cuando llegaron a destino se despidieron como si apenas se conocieran. En realidad, apenas se conocían.

Río fue un torbellino. Lo más parecido a un hermoso sueño.

Llegué a Buenos Aires un 17 de agosto, día de San Martín, feriado nacional, por lo cual había en Ezeiza tanta gente esperándome, que no terminaba nunca de saludar. Todo lo que siguió tuvo la textura de las alucinaciones. Me costó meses procesar esas realidades, esos mundos, esas vivencias...

Creo que desde el momento en que comencé a preparar los cajones en Leipzig y Karl-Marx-Stadt para enviar mis pertenencias, desde mis primeras despedidas (Dios mío! me acuerdo de Manne en la Bodeguita recién inaugurada en Leipzig, diciéndole al mozo que me estaba despidiendo porque yo regresaba a Argentina, y el mozo preguntándome si estaba loca, en plena guerra de Malvinas!) hasta el momento en que esos cajones llegaron a destino, en ese período de tiempo que debe haber sido de tres meses, todo se precipitó y se mezcló de tal manera, que recién ahora, pasados ya casi diez y ocho años, podría destejer lentamente la trama y comenzar a plasmarla en palabras...

Algún día lo haré.

...Las mujeres policías no existen, Xande. Por lo menos no así como la describiste. Creo que vos también soñaste. En realidad, quién de nosotros está en condiciones absolutas de afirmar la realidad inmediata? Quién puede asegurar, con completa certeza, que estamos vivos, que esto no es un sueño, o una línea o una página en el libro que alguien está escribiendo o ya escribió?
Todos ustedes, mitroperos queridos, serán mis personajes. Pero este libro ya está escrito. Yo sólo trato de recopilarlo.

Se acerca el 11 de diciembre y marcamos con dos de las mujeres de Athenas un encuentro que aún no sabemos dónde será. Por eso es que no aparecimos, Xande. Hubo un desencuentro entre nuestras coordenadas de tiempo y espacio. Fuimos puntuales pero sin saber dónde. Además, las mujeres policías no beben en los boliches, y en Brasil, en verano, el tiempo está adelantado.


Buenos Aires, amanecer del 9 de diciembre de 1999

para mis hermanos lusófonos

De tudo, ficaram três coisas:
A certeza de que estamos sempre recomeçando ...
A certeza de que precisamos continuar...
A certeza de que seremos interrompidos antes de terminar ...
Portanto devemos fazer da interrupção um caminho novo ...
Da queda um passo de dança ...
Do medo, uma escada ...
Do sonho, uma ponte ...
Da procura, um encontro ...

Fernando Pessoa

Releo una carta que envié desde Leipzig en abril de 1980 a mi amiga Déborah...




"... Qué le voy a hacer, en lo que a Buenos Aires respecta, yo me quedé estancada en un día gris y frío en Ezeiza, con un montón de seres queridos diciéndome hasta pronto y donde ese pronto sonaba a vuelta de esquina, a vacaciones en Gessell o, a lo sumo, a dos años. Y heme aquí aún, yo que nunca quise partir ni siquiera a Montevideo, rodeada de nieve y de seres extraños, que hablan un idioma extraño, cuya exclusividad a veces hasta duele en los oídos; heme aquí yo, en un país donde hasta los gatos son rubios. Ponerse a llorar ahora sería absurdo. Para eso ya lloré cada noche durante los primeros seis meses. Para eso ya lloré andando sola por el otoño terrible del 77, pisando las hojas doradas del Klara-Zetkin-Park. Para qué ahora, que vengo bajando del cerro, que vengo pegando la vuelta, que estoy acercándome a la meta.
Pero a veces da una rabia ciega, una impotencia que te nubla la razón, porque uno comprueba que también el volverse da pena. Porque uno va dejando en el camino, como un doble desarraigo, personas queridas que quién sabe si volverá a ver. Porque uno se va quedando casi sólo, cuando todos se han ido o se están yendo, y ya no tiene sentido buscar nuevos amigos, nuevos lazos, porque de alguna manera también uno empieza a irse.
Jodido, no? O no tanto. Pero da bronca. Ustedes allá, nosotros acá, otro mundo, otras vivencias, el peligro de no llegar a entendernos. La nostalgia de nuestro chocolate con tostadas a la salida de la facul (te acordás?) y todas esas cosas que apenas comenzábamos a vivir en nuestra ciudadela y que ya no podremos continuar, ni repetir, ni recomenzar, simplemente porque pasó el momento, perdimos el turno y el que no estaba se jodió y el que no se escondió se embroma, en este juego peligroso que nos tocó barajar, en esta rayuela donde al llegar al cinco se nos fue la piedrita para afuera y nos descalificaron y no llegamos al cielo, y lo peor es que no podemos recomenzar.
¿Me entendés, hermana? Creo que es una especie de resentimiento. Un resentimiento doloroso por todo lo que no pude hacer, por no poder estar sentada en un banco al lado tuyo escuchando un teórico, por no poder sentarme con los chicos en una pizzería a comentar el día de trabajo, por no poder levantarme y salir apurada, comprar el diario y enterarme de diálogos y gabinetes mientras hundo mi medialuna en el café, antes de entrar a trabajar.
Quizás sea necesario vivirlo para comprenderlo. Sentir lo desolador de abrir un atlas, ver el país extendido casi entre océanos, la conocida geografía, la mal sabida historia, acariciarlo de norte a sur con los pensamientos y saber que no habrá avión por ahora, que a lo largo de sus venas ardientes se pasean seres ocupados y doloridos, que muchos de esos seres son parte componente de nuestra historia (a la más íntima me refiero), pero que ellos no nos ven, desde sus puestos, cómo vibramos, cómo nos desesperamos haciéndoles señas desde afuera, para que nos reconozcan, para que sepan que aquí estamos, buscando la manera de poder llegar casi sin haber partido, salteando todos estos años de ausencia........"


Leipzig, abril 20 de 1980